Formación, el origen

Este mes me remonto a mis orígenes, la formación en las empresas. Esa área que tanto lucha por dar apoyo al crecimiento de los empleados y a las líneas estratégicas de la empresa, y que tan poco se agradece su labor. Lo escribo así, leo y releo la frase, y suena cuanto menos cruda, dañina y distante. Pero realmente es que no puedo decirlo de otra forma, resulta que la actividad a la que decidí dedicarme es de esas que te deja un sabor agridulce, hagas lo que hagas.stock-photo-learn-learning-education-knowledge-wisdom-studying-concept-372270265Formación era la niña bonita de Recursos Humanos, hasta que llegaron los ajustes, y los empleados se revelaron ante ellos, sin pensar que había personas detrás luchando por buscar soluciones para que tuvieran las mismas oportunidades que antes de los ajustes.

Con el tiempo he aceptado que las personas somos egoístas por naturaleza y eso hace que nos tomemos el derecho de opinar libremente de cualquier actividad que se nos ofrezca, sin pensar o reflexionar más allá de lo que nosotros necesitamos. No somos capaces de pensar lo que es mejor para el conjunto, en este caso la organización en la que trabajamos, y eso es lo que hace a las empresas pequeñas, personas que no piensen en el conjunto.

A pesar de ello, ante tantas negativas, opiniones poco constructivas, quejas e incluso boicots… tengo que decir que es maravilloso dedicar tiempo a crear acciones que hacen crecer a tus compañeros. Pensaréis que estoy loca, pero es que las personas somos maravillosas, no todas cierto, pero una gran mayoría sí, y es por esas por las que vale la pena el día a día. Esas personas que te sonríen cada mañana, con las que construyes castillos de arena gigantes, las que te tienden la mano y no te la sueltan cuando te vas a caer, las que sueñan contigo y hacen que esos sueños se hagan realidad, las que te ofrecen cosas en lugar de pedir, pedir y pedir porque trabajas en el departamento de recursos humanos, las que se preocupan por cómo estás, las que no se quedan en silencio cuando entras en una sala, las que vienen de cara y te dicen con transparencia lo que piensan de tu trabajo… esas son las que valen la pena.

Quiero pensar, que la situación de este mercado convulso de los últimos años ha hecho que Recursos humanos hayamos sido los malos de la película por el mero hecho de ser los ejecutores de las decisiones muchas veces ajenas. Y no sólo eso, se nos ha hecho hacer recortes, optimizar presupuestos… por su puesto para llegar a los mismos resultados: encontrar a los mejores profesionales, desarrollar a las personas, permisividad cero a fugas de talento, mayor compromiso… ¿qué personas han entendido esto? Pocas, muy pocas… todo lo contrario, como os decía antes, la mayoría ha aprovechado esta circunstancia para vivir en la queja y posicionar a estos departamentos como el más negro de todos. “Mordor” me llamaba un antiguo compañero, menos mal que tengo muy buen sentido del humor y soy capaz de reírme de mí misma sin problema, porque si no hubieran sido años muy amargos.

Reconozco que todo esto que os cuento ha ayudado a los departamentos de formación a reinventarse de tal manera que poco queda de esos planes de formación absolutamente presencialistas y poco retadores que se presentaban de forma anual, estáticos y poco cercanos al negocio. De hecho, incluso el nombre “formación” ya queda lejos de las nuevas tenencias que han llegado en los últimos años: learning & development, gestión del talento, aprendizaje…

Hoy, el abanico de posibilidades es infinito en lo que al tipo de formación que ofrecen las empresas a las personas se refiere:

_ Presencial, Virtual o blended (presencial + virtual)

_ Externa o interna, ¡¡¡cómo no expandir el conocimiento interno!!!

_ Formal o informal: si de algo nos hemos dado cuenta es que las personas aprendemos cuando queremos o cuando lo necesitamos. No sólo en una sala escuchando a un profesor, también en nuestro puesto de trabajo, con nuestros compañeros, con nuestros clientes… las fuentes son innumerables y tenemos que saber aprovecharlas.

Si a todo ello le sumamos la gran revolución que hemos vivido en torno a las plataformas de aprendizaje colaborativo, pues se puede decir que estos departamentos son grandes palancas de cambio que han retado a las personas y las han sacado de su zona de confort. Aunque siendo realistas, tengo que decir que todavía falta largo camino para que estas plataformas se implanten y funcionen con normalidad. Las personas evolucionamos, pero no tan rápido como la tecnología nos propone.

Seguiré escribiéndoos acerca del aprendizaje en las organizaciones, hoy ya me he alargado más de lo habitual y ¡todavía me queda mucho por contaros!

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